Estamos en 1960. Unos años antes, Franco incorpora al Gobierno a los tecnócratas del Opus Dei, que emprenden la liberalización económica y la apertura del régimen al mundo exterior. Atrás quedan los años de la autarquía, del estraperlo y de las cartillas de racionamiento, iniciándose en la década de los sesenta lo que vendrá en llamarse el milagro económico español. Durante esos años surge una clase media llena de optimismo y de vitalidad que aspira a mejorar su calidad de vida aunque sea realizando jornadas de trabajo interminables. Zaragoza necesita mano de obra abundante. Y la obtiene de las gentes venidas de los núcleos rurales de Aragón, de Soria, de Andalucía o de Extremadura, que se instalan en nuestra ciudad buscando una vida mejor. La capital del Ebro pasa de los 326.000 habitantes que tiene en 1960 a los casi quinientos mil al inicio de los setenta. La necesidad de dotar de vivienda a tanta población dispara la especulación del suelo y los atentados contra el patrimonio urban...
La historia y la cultura de Zaragoza y de Aragón
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