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HISTORIA DE LA REAL CASA DE MISERICORDIA DE ZARAGOZA

 

En la aún poderosa pero decadente nación española del siglo XVII abundan por las calles y caminos picaros e indigentes que sobreviven merced a la caridad o a la ingenuidad de las buenas gentes.
Los poderes públicos tratan de poner remedio a la situación promoviendo la creación de casas de misericordia, como la que favorece en 1666 Ignacio Garcés, quien ostenta la condición de Padre de huérfanos de la ciudad de Zaragoza, institución de la que ya se tiene noticia en 1475.
Históricamente, el Padre de huérfanos se ocupa de la delincuencia menor y de los vagabundos, aunque sus energías se orientan más hacia políticas represivas que asistenciales.
Garcés, que tiene una actitud hacia los desheredados mucho más compasiva, pretende acogerlos en un edificio que sea financiado con los donativos de los vecinos de Zaragoza.
Con el apoyo del Arzobispo y de la Hermandad de la Santa Escuela de Cristo se acomete la construcción del inmueble en unos terrenos de propiedad municipal ubicados en el Campo del Toro.
Las obras se concluyen en 1669, procediéndose a la apertura del centro el 8 de septiembre de ese año, fecha de la natividad de la Madre de Cristo.
Ese día se sirven cuatrocientas comidas en los dos refectorios en los que se separan a hombres y mujeres.
Pero la indeterminación de sus fines permite que con el tiempo disfruten de su espíritu benefactor hombres y mujeres que están de paso en la ciudad, estudiantes sin recursos, indigentes, convalecientes y niños.
Del gobierno de la Real Casa de Misericordia se ocupa inicialmente la Hermandad de Nuestra Señora de Misericordia, siendo sustituida a partir de 1683 por una Junta conocida popularmente como La Sitiada.
La creación de esta institución, que en el siglo XVIII coexiste con otras como el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, las Hermandades de la sopa, del Refugio o de la Sangre de Cristo, no resuelve el problema de la exclusión social, tal vez porque, atraídos por la acción caritativa de la ciudad, acuden a ella más pobres de los que puede digerir.
Entre las competencias del Padre de huérfanos figura la de organizar el "carro de pobres", que con la asistencia de algunos soldados, recorre las calles de la ciudad para retirar de su tránsito a los indigentes, acomodándolos, generalmente contra su voluntad, en la Real Casa de Misericordia.
En tiempos de sequía o en los inviernos especialmente fríos, aumenta el número de vagabundos y de gentes sin hogar.
Es en esos momentos cuando el municipio anima a los regidores de la Real Casa de Misericordia para que saquen a pasear el carro, una galera enrejada que acoge a los pobres desvalidos, muchos de ellos niños, que encuentran a lo largo del recorrido.
Muchos indigentes abandonan la ciudad en cuanto tienen noticia de que el carromato está haciendo de las suyas.
También las fiestas y grandes solemnidades son fechas propicias para que el espíritu represor avive.
Una gran limpieza de las calles se lleva a término en 1759, con ocasión del viaje de Carlos III desde Barcelona a Madrid, pasando por Zaragoza.
También es habitual que ante acontecimientos de este nivel, se retiren los restos de ajusticiados que, para advertencia pública, se exponen a la entrada de los caminos que conducen a la ciudad o en puntos estratégicos de la misma.
Para promover la integración de las personas acogidas en la Real Casa de Misericordia se combinan las labores educativas y las represivas.
Las enseñanzas de cultura general, de religión o de aprendizaje de un oficio, suelen ir acompañadas de castigos físicos, utilizados igualmente para corregir comportamientos inadecuados.
El clérigo Tomás de Anzano, que considera que no se debe abusar de los castigos físicos, redacta una lista con los que son recomendables.
Incluye entre ellos el cepo, postes y argollas para atar a los muchachos o el aislamiento a pan y agua. Aunque considera que uno de los más eficaces consiste en rodear el cuello del chaval con una golilla de madera.
La Real Casa, que no tiene la consideración de correccional, no admite en su seno reos con condena ni prostitutas.
Lo que no es óbice para que disponga de mazmorra y de diferentes instrumentos de tortura, como los grilletes.
La institución evoluciona considerablemente bajo el gobierno de Ramón Pignatelli, favoreciéndose la formación y la enseñanza de oficios y superándose en gran medida el carácter represivo de la institución.
Los esfuerzos de la Casa de Misericordia se centran a partir de entonces en los niños y jóvenes, distanciándose cada vez más del cuidado de los adultos.

FUENTES - Felipe IV, a caballo. Diego Rodríguez de Silva y Velázquez. Hacia 1635. Museo del Prado.
- La natividad de la Virgen. Giordano Luca. 1700-1702. Museo del Prado.
- El resto de imágenes han sido elaboradas con inteligencia artificial. MÚSICA. Piano y violin. Freesound 26340. TEXTO Y EDICIÓN.
Mario Maganto Berdejo.

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