Nada más iniciarse la guerra civil, llegan desde Barcelona a la localidad oscense de Villanueva de Sigena un grupo de milicianos de la columna Durruti que prende fuego al monasterio, en cuyo interior se encuentra el antiguo panteón real. Las autoridades catalanas culpan del terrible atentado a anarquistas originarios de zonas miserables de Murcia y Almería, a los que consideran malos catalanes, chusma. Curiosamente, poco después del terrible atentado, llega al lugar Josep Gudiol i Ricart, que se ha especializado en la técnica del strappo, consistente en arrancar pinturas murales de sus paredes originales para trasladarlas a otro lugar. Financiado por la Generalidad de Cataluña, se apropia, sin ningún tipo de escrúpulo, de ciento veinte metros cuadrados de los frescos que, según manifiesta, han sobrevivo al incendio en la Sala Capitular, una de las más significativas joyas del románico español, con categoría de monumento nacional. También atribuye al fuego la pérdida del artesonado. Dep...
La historia y la cultura de Zaragoza y de Aragón